Nunca tuve muy en claro nada (¿Quién lo tiene, no?) pero el día que entré a la sala por primera vez tuve una certeza: la infancia es mi causa.
Ese día me encontré a mí misma en muchos ojos, y me puse a jugar con ellos. Siempre me gusta jugar, pero muchas veces siendo adulta no lo ven como algo positivo. Yo amo jugar y amo aprender jugando.
En el juego, en el teatro y con los niños es donde me encuentro cada vez que pierdo el rumbo.
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