Todos los 1 de enero son tuyos.
Era el día de tu cumpleaños, donde toda la familia se reunía, aunque el día anterior hayamos salido, aunque tengamos otros posibles planes, aunque quede lejos, no importa, nos encontramos todos en Tigre 290 y comemos un asadito a las 3 de la tarde y de postre duraznos con crema.
Aunque ya no estás seguimos haciendo lo mismo año a año, aunque muchas cosas cambiaron. La abuela le prepara algo rico a cada nieto y ahí nos vemos.
Te llevo en el corazón siempre. Me quedo con todo lo lindo que nos diste siempre. Tu chiste del pato-tero, el queso y dulce, los asados de tus cumpleaños, las tardes en la vereda charlando sin preocupación alguna. Vos eras paz y relajación en esas tardes.
Claro que voy a seguir yendo (o intentando ir) todas las semanas a tu casa a comer con la abuela, con papá y no nos olvidemos de Luna y Chiqui. Te voy a pensar cada vez que escuche El Chaqueño o que quiera agarrar un repasador a la hora de almorzar.
Te adoro abuelo, ya nos estaremos encontrando