sábado, 20 de enero de 2024

Día 33 - Mendoza

     En el 2015 tuve unas vacaciones hermosas con mi familia completa (la única vez que fueron unas lindas lindas vacaciones). Mis papás fueron realistas y alquilamos en un lugar barato en San Rafael y fuimos muy austeros con las excursiones y salidas.
     Todo marchaba bien hasta que una tarde, por no saber las medidas de seguridad casi pierdo la vida. Mi hermana que en ese entonces tenía 10 años estaba fascinada con el río y se acercó a explorarlo, mojó sus pies en el agua y corrió a contarme lo fría que estaba, entonces me dirigí a replicar lo que ella había hecho, sin tener en cuenta que yo pensaba 40 kilos más, por lo menos.
     Bastó con acercarme a la orilla para que el piso se disolviera a mis pies y el agua comience a arrastrarme hacía adentro. Un remolino acuático me separó de mi hermana mientras ella me tendía la mano, pero no iba a tomarla por miedo a que el agua la lleve a ella también, intenté agarrarme de la orilla y la tierra se me deshacía entre los dedos, parecía que no había salida. Y a metros mío había un rápido lleno de piedras que podía matarme.
     Mi papá de la desesperación se tiró conmigo son pensarlo, pero desde ahí no podía ayudarme, se me pasaban por la cabeza cosas horribles, pensaba que mi mamá y mi hermana no podían seguir sin nosotros. Un poco más lejos había una familia que logró ayudarnos con una reposera y salimos. A los 10 minutos teníamos una clase de Coolriver, donde teníamos que nadar por ese mismo río con mi papá pero ahora voluntariamente y un poco más cuidado... Un poco.
     "Me curé de espanto" como quién dice 

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